Tras varias visitas a Portugal estoy observando que el estado degradado de muchos edificios no es un hecho puntual, sino que parece ser algo generalizado. Me vienen a la cabeza lugares como Lisboa, Covilhã o Idanha-a-Velha, incluso Oporto, mi última visita y lugar donde hice todas las fotos que acompañan a esta entrada.
Esa degradación forma parte del encanto del país, lugares en los que ha pasado el tiempo sin que nadie se acordase de arreglarlos o evitar que se vengan abajo, que los cristales se rompan o las barandillas se oxiden. A veces simplemente es sensación de abandono y suciedad. Son edificios interesantes muchas veces, y no sabría decir si queda mejor así o reformarlos. Por el momento aproveché para hacer esta selección de fotos.