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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Madeira: Funchal

El viaje de Madeira debería estar acabado, pero por circunstancias meteorológicas no es así. Hay un temporal en esta zona del Atlántico, afectando a las islas Canarias y a Madeira. La consecuencia es que desde media tarde se han cancelado los vuelos, y el mío era uno de ellos. Ya habíamos visto que iba a haber viento, pero no pensábamos que llegase a tanto. Bueno, lo cierto es que veíamos unas olas enormes chocar y salpicar a varios metros, pero de una forma exagerada. Un edificio cercano al mar parecía ser engullido. No tengo fotos del momento, pues lo veía desde la carretera. Al llegar al aeropuerto hemos devuelto el coche, dejado las maletas, y esperado la hora de salida. Ya estábamos viendo que cancelaban algún vuelo, que uno de Lisboa que tenía que aterrizar ha tenido que dar la vuelta, y ha llegado el fatídico momento en que nos han anunciado que el nuestro se cancelaba.

Tras hacer una larga cola en un mostrador, nos han reservado para un vuelo para mañana (a ver qué tal se presenta el día, pues sigue habiendo fuertes vientos pronosticados), y nos han buscado hotel y un vale para el transporte. Suerte que me había pedido el día libre, y no voy a perder mucho. Al menos el coche de Lisboa a Mérida lo cogeré más descansado.

Y el resumen del día lo voy a acabar pronto, pues ha sido algo breve. La idea era dar un paseo desde el hotel hasta el centro de Funchal, y desde allí subir a Monte con el teleférico, bajar en carrinha, y dar otra vuelta por el centro. Ha habido que ir abreviando algunas cosas, pero eso hemos hecho.

Funchal lo habíamos visto un poco el primer día, de noche.  Recorrimos básicamente una calle, donde parece estar todo, y el mercado dos Lavradores. Éste es un mercado de abastos bastante vistoso, con una zona de flores, otra de pescado, y otra más amplia de frutas y verduras. En los puestos te ofrecen para probar los productos, y suelen ir vestidos de forma típica.



La zona de pescadería, vacía en ese momento


Otro rincón muy curioso es la rua Santa Maria, en la que casi todas las puertas están decoradas, pintadas de muy diversas formas. Da para hacer unas cuantas fotos. Pasábamos de noche y probé con el flash, y considero que el resultado fue aceptable por lo general.











La avenida Arriaga parece ser una de las más importantes de la ciudad, donde nos encontramos con algunos de los edificios más interesantes. Pero un día por ser de noche, y hoy al ir iba con un poco de prisa y no he sacado la cámara, y a la vuelta teníamos más prisa todavía, y la hemos hecho en taxi. Así que la jornada fotográfica ha sido muy escasa.

Entrada a la Sé, con decoración navideña





Otro punto interesante suele ser la subida a Monte. Hay un teleférico que sube hasta allí, y lo veo un poco caro: 10€ ida, y 15 ida y vuelta (pero un compañero que quería hacerlo así no ha podido, no sé muy bien por qué). Desde la cabina se va viendo como la ciudad se va empequeñeciendo y ganando altura. Un cuarto de hora después, más o menos, sales a la calle, y te ofrecen una foto que seguramente te hayan hecho al entrar.


Desde el interior del teleférico, se ven los reflejos


Un punto emblemático es la iglesia, un pequeño edificio barroco de fachada blanca y gris, en la parte alta de unas escaleras. Exteriormente es sencilla, y su interior no es muy recargado, aunque el retablo del altar demuestra la época de la que es. También hay la posibilidad de subir al campanario, y tener unas vistas panorámicas del lugar.





Pero el plato fuerte de monte son los carros de cesto, una especie de trineos de mimbre en la que dos porteadores van controlando el descenso por una calle empinada. Puede verse como una atracción un poco cara (30€ para dos personas), pero es una experiencia divertida, de la que he tomado un pequeño vídeo.





Un pequeño vídeo del descenso (con sonido)

Y la visita no ha dado para más. El resto de la jornada ha sido para ir al aeropuerto y esperar, esperar y esperar. En algún momento espero regresar a casa, y entonces sí que podré dar por finalizado el viaje.

martes, 10 de diciembre de 2013

Madeira: Pico do Areeiro, Ribeiro Frio, Santana y Caniçal

Ésta es mi última noche en Madeira, se me ha pasado volando. Pero no por ser la última voy a dejar de escribir, aunque la verdad es que se me ha hecho tarde con otras cosas pendientes. Hoy me he dado cuenta de que ayer me dejé mucho que quería haber explicado, y hoy me temo que me pasará lo mismo. Por lo tanto, las fotos van a ser la mejor descripción del día.

El primer lugar visitado ha sido el pico Areeiro, el tercer pico más alto de Madeira, superando los 1800 metros. Había que prepararse, pues las condiciones climatológicas eran diferentes: la temperatura era casi 15ºC  más baja que en la costa, y corría un fuerte viento frío. Además, veíamos las nubes pasar, de vez en cuando se formaba niebla, otras veces las nubes quedaban atrapadas.

La carretera llega hasta el mismo aparcamiento, donde hay un edificio con tienda, sala de exposiciones y bar. Y a pocos metros, un mirador en la propia cima de la montaña. También hay algunas antenas, pero creo que son militares, así que de poco servían para el uso público. Allí queda admirar el paisaje: imposible describirlo con mi vocabulario, simplemente alucinante.

Desde allí parte una ruta hacia el pico Ruivo, ese sí el más alto. Antes de venir habíamos planificado hacerla, pero mirando una información nos encontramos con que estaba cerrada, y cambiamos los planes. Aunque aparentemente no era muy larga, un total de 14 kilómetros (ida y vuelta), tenía desniveles importantes, dificultándola. En un panel informaban que el problema eran unos desprendimientos cercanos ya al pico Ruivo. Pero no nos hemos resistido y hemos llegado hasta un mirador. No sé cuanto hemos recorrido, pero nos ha costado, así que la ruta completa habría sido bastante más complicada.

Un indicador de la ruta al Pico Ruivo

Vistas desde el pico Areeiro

Una vista donde se aprecia el camino de la ruta







Las nubes se van quedando atrapadas en las cumbres



Al acabar nos hemos encaminado hacia Ribeiro Frio, un pueblecito (si es que se le puede llamar así, no sé como decirlo), donde había leído sobre una levada hacia Balcões. Aparcar no ha sido fácil, más que nada porque no me gusta dejar el coche de cualquier forma, y lo he tenido que estacionar ya en la misma carretera, pues las plazas son demasiado escasas. No era el único.

El camino era muy fácil, un kilómetro y medio llano y ancho, pero eso no le quita belleza. Normalmente entre árboles, en un par de ocasiones es un corte en las rocas, hasta llegar a un mirador que es inimaginable desde el camino por el que paseábamos. Ha sido todo un acierto.

De Ribeiro Frio parte otra ruta, pero tenía carteles de cerrada, supongo que nuevamente por desprendimientos, pero no tenía planes de caminar por ahí. Así que hemos visitado la piscifactoría de truchas que hay allí, pues parece ser un atractivo de la zona, aunque poco me ha aportado, la verdad.

El inicio del camino de Balcões




Vistas desde el mirador al final del camino

Truchas en la piscifactoría


La siguiente parada era en Santana, en busca de los famosos palheiros. Después de tanto paisaje encantador, era un cambio que ha sabido a poco. En el pueblo hay varias casas de este tipo, pequeñas y de un tejado de paja inclinado que llega hasta el suelo. Se ven varias restauradas, que se han habilitado de distintas formas: oficina de turismo, tiendas o incluso un pequeño museo etnográfico.

Interior de uno de los palheiros




Fuera de los palheiros típicos hay una casa con ese mismo estilo, aunque menos vistosa

La noche se nos echaba encima, pero quería ver algo de la punta noreste de la isla. Tras pasar Caniçal hemos buscado un lugar donde parar un momento, y hemos localizado un aparcamiento de una playita de arena. No creo que sea la playa de arena natural de la que había leído, era más bien una cala. El viento soplaba con fuerza, y había poca luz. Las fotos que he intentado hacer ya eran con trípode y larga exposición, en busca de que el mar me quedase como una bruma fantasmal.

La costa de Caniçal


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