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martes, 1 de noviembre de 2016

Argentina: Pucará de Tilcara

(Visitado el día 16 de octubre)

Cuando ayer llegué a Tilcara ya había anochecido y no vi nada. Y es más, ¡me costó encontrar el alojamiento! Pero una vez acomodado me comentaron que en lo alto de un cerro, junto al pueblo, se encontraban las ruinas de Pucará. Consta de un antiguo poblado, en parte restaurado, por lo que se puede ver la distribución de casas y calles, y entrar en las construcciones. Otras partes están caídas, quedan un montón de piedras en el suelo, y el terreno ocupado por cardones, que es el típico cactus que asociamos al oeste americano. Al estar en lo alto de un cerro las vistas de la zona, de las montañas que rodean al valle, son espectaculares. Todo eso me lo había perdido al llegar.

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Puente que hay que cruzar (en coche en mi caso) para llegar al Pucará

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Vistas desde la parte alta de las ruinas

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En la parte baja del recinto hay un jardín botánico, donde la parte que más me ha gustado es precisamente la de los cactus.

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Cardones típicos de la zona

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Al emprender el camino hice una parada en Purmamarca, que aunque pasé ayer, era tarde, y solo había que desviarse 4 km de la ruta. Tenía que ver el Cerro de los 7 colores, una serie de montañas donde cada una tiene un color diferente.

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Cerro de los Siete Colores visto desde las afueras de Purmamarca

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Vistas desde el centro del pueblo

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El centro de Purmamarca, preparado para el turista

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Argentina: desierto de Salta, Salinas Grandes y hacia la quebrada de Humahuaca

(Visitado el día 15 de octubre)

Después de comer en San Antonio de los Cobres, he cogido una carretera en dirección a Tílcara, recorriendo un altiplano a más de 3000 metros. Aunque llamar a eso carretera es un poco exagerado, es un camino de tierra (ripio), de unos 100 km. He puesto a prueba mi pericia al volante, en unas condiciones similares a la nieve, aunque no tan deslizante, baches y tiempo. Aunque para no morirme de aburrimiento iba rápido (para esas condiciones), alrededor de 70 km/h. Y en todo ese tiempo no me he cruzado con nadie, pero sí he adelantado a un coche, un camión y un motorista pasaba por ahí. Antes de empezar no era muy consciente, pero a medida que avanzaba empezaba a acojonarme: es fácil que pasase algo (patinazo, pinchazo...), apenas pasa nadie, y tampoco hay cobertura. A ratos iba pensando en eso, pero por suerte, solo se ha quedado en pensamientos.

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Guanacos (creo) corriendo tranquilamente por las llanuras

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100 km de carretera como esta por delante

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Llega un punto en el que a lo lejos se ve una extensión blanca, que son las Salinas Grandes, situada entre las provincias de Salta y Jujuy. En todo momento se va viendo a lo lejos, aunque junto al camino se ve algún rastro de sal. Es cuando llego a la carretera 52, cuando por fin recupero el asfalto, cuando veo un cartel de las salinas. En vez de dirigirme a la derecha, hacia mi hotel, fui a la izquierda, en busca del salar. Al cabo de un rato aparece una caseta que es el punto de información, donde te ofrecen visitar "El ojo del salar", entrar dentro de la gran planicie blanca, y ver un poco el funcionamiento de extracción. La visita no se puede hacer por libre, en ese punto se te une un guía, previo pago de 200 pesos. Para uno solo es un poco caro, pero creo que es el precio por visita, sea uno o toda una familia. Te van explicando, y te dejan el tiempo que quieras para hacer fotos.

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Vistas del salar a lo lejos

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Restos de sal en el paisaje

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Mi coche de alquiler

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En la visita a las Salinas Grandes

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Y al salir, me encaminé ya por la ruta 52, a bajar un poco de las montañas. El punto más alto de la carretera está a 4130 metros, casi nada, y cuando comienza la bajada vas viendo unos escenarios gigantescos, las montañas te empequeñecen todo. La lástima es que se me iba haciendo tarde y oscurecía.

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Carretera de subida

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Altura del puerto de montaña, casi nada

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Ya anocheciendo

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