Mostrando entradas con la etiqueta Peniche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Peniche. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de agosto de 2015

Costa en el entorno de Peniche

La costa portuguesa está llena de acantilados de diferentes tipos, alturas... Peniche es una península, algo más de 100 km al norte de Lisboa, que se encuentra casi toda en lo alto de acantilados. De vez en cuando hay playas, pero para mí, la parte más espectacular son las rocas que la erosión del mar han esculpido. En esta jornada visitamos algunos lugares, todos en un entorno: Peniche, cabo Carvoeiro y Baleal. No son muchas fotos, dedicamos más tiempo a la isla Berlenga, pero éstas no las podía dejar aparcadas.

Fuerte de Peniche


Acantilados en el cabo Carvoeiro, en la península de Peniche



En el cabo Carvoeiro, a lo lejos se puede ver las islas Berlengas


Rocas en el Atlántico, a la altura de Baleal






martes, 11 de agosto de 2015

Reserva natural de las islas Berlengas, Peniche, Portugal

La costa portuguesa ofrece muchísimos rincones interesantes, no solamente playas. Peniche es un pueblo costero, destino habitual de mucha gente para pasar unos días playeros, pero además tiene varios acantilados y paisajes interesantes. Los acantilados no son tan grandes como los que se pueden encontrar en el Algarve, pero no por eso dejan de ser espectaculares. Pero en esta ocasión la visita fue un poco más allá, a unos pocos kilómetros al noroeste están las islas Berlengas, una reserva natural y zona de anidamiento de gaviotas. Básicamente es una isla grande y varios islotes.

Para llegar allí, desde el puerto de Peniche hay varias compañías que te ofrecen el viaje. En el puerto se encuentran todos los locales, y todo el rato se te acercarán a ofrecerte el viaje. Puede ser conveniente haberlo reservado con anterioridad, aunque nosotros no lo habíamos hecho, y pudimos encontrar un hueco en un barco. No recuerdo exactamente las horas de salida de Peniche o de la isla, pero nos dio tiempo para visitar el lugar tranquilamente, costándonos 20€ ida y vuelta.

Ese día hacía viento, y el mar estaba bastante movido, sobre todo se notaba en cuanto se salía del abrigo de los rompeolas, o nos encaminábamos hacia mar abierto. El viaje fue como una montaña rusa de una hora, subiendo y bajando olas, viendo como el agua golpeaba el barco. Y como revolvía los estómagos. Sufrí bastante el viaje, mareándome y echando todo lo que podía y más. Solo quería llegar, y no alcanzábamos la isla. El viaje habitual en ese barco dijeron que era de 45 minutos, pero el nuestro se alargó a una hora. Hay que llevar cuidado con los móviles y cámaras, porque se pueden mojar, caer... Finalmente conseguimos llegar a tierra firme, y necesité un rato para descansar.

Saliendo de Peniche, se ve el mar algo agitado

He de reconocer que el sufrimiento al final se vio recompensado. La isla es preciosa, ofrece paisajes y paseos encantadores. Aunque también hay que reconocer que no tiene mucho. En el puerto no hay sitio más que para un barco, que está amarrado el tiempo justo para que suba o baje la gente. Allí está lo que seguramente fue un pueblo de pescadores, unas pocas casitas que hoy se ofrecen como alojamiento turístico, y un restaurante. A continuación una zona de acampada, y ya a cierta distancia una fortaleza, que tiene pinta de haber sido también una prisión. No hay árboles, la vegetación es escasa, y gran parte del territorio lo tienen ocupado las gaviotas. Del puerto hacia el suroeste es el camino más transitado, el que llega a la fortaleza en una media hora paseando tranquilamente (allí hay también habitaciones, creo que se usa como albergue, y cafetería donde comer). Hacia el otro lado también hay caminos, perfectos para rutas senderistas, si no fuera porque las gaviotas que allí anidan son muy protectoras del territorio, y es fácil sufrir algún ataque. Por como me encontraba, yo no cogí ese segundo camino, pero sí lo intentaron mis compañeros, y no pudieron caminar mucho.

Una vista del patio del fuerte y el entorno

Interior del fuerte

Roca de la ballena

Aguas cristalinas

A lo lejos, y con el zoom, Peniche

Puente de salida de la fortaleza


Comenzando a subir la montaña, dejando el fuerte atrás

Habitantes de la isla, y al fondo las islas pequeñas

Vista del poblado pesquero



La misma empresa que te lleva hasta la isla suele ofrecer luego un viaje en barca para ver los acantilados y grutas en una vuelta rápida, no dura más de media hora (y de la que nos tocó tengo algo de queja: en una barca quedaba sitio para 2, nosotros éramos 4, y subimos a una segunda barca. Pero al salir de la vista del puerto nos juntaron a todos en una, y nos tocó bajar antes de regresar. En parte nos fue bien para no hacer el viaje de ida y vuelta a la fortaleza, solo lo hicimos en un sentido). Las aguas por allí son cristalinas, invitan a darse un baño, si no fuese porque están bastante frías. No las probé, me han contado.

Una pequeña excursión entre acantilados

Las barcas suelen tener suelo de cristal para ver el fondo

Forte de São João Baptista

Vistas del fuerte y faro

Roca del elefante

El camino de vuelta supuestamente era más tranquilo, pero no lo suficiente, seguía mi estómago revuelto, y no tenía nada que vomitar, pero aún así, me mareé nuevamente.

lunes, 23 de febrero de 2009

Paseo por el oeste portugués

Llevaba ya un tiempo con ganas de hacer una escapada a Portugal, y en concreto, de ver algo de la costa. Así que cuando el tiempo lo ha permitido, me he acercado a la región de Estremadura, y visitado algunos pueblos.

Óbidos

Este es un pueblo medieval muy adaptado al turismo. Por las calles se ven multitud de tiendas de artesanía, recuerdos de todo tipo, e incluso suenan fados por unos altavoces instalados en los edificios.



Por lo que he leído, en verano el pueblo se llena de turismo. Por eso huyo de esa época para hacer según qué viajes. Este fue uno de los casos en los que aunque había turistas, eran más bien pocos. Las calles se podían recorrer sin tener que empujar a nadie, e incluso no costaba mucho hacer fotos sin que saliese nadie.



Supongo que dentro de unos días, cuando se celebre el festival del chocolate (del 5 al 15 de marzo) la situación será completamente diferente. En la explanada del castillo ya están preparadas las casetas, por el momento vacías.












Fuera del recinto amurallado se encuentra el santuario do Sr. Jesus da Pedra. Es una iglesia casi olvidada, pero bastante espectacular.

Peniche

Tengo que decir que no vi el pueblo de Peniche. La verdad, me interesaban más los acantilados de los alrededores, o buscar un punto con la orientación adecuada para sacar fotos de la puesta de sol.



Lo de los acantilados no fue difícil. Aunque no son tan espectaculares como los que he visto en el Algarve, sí que son bonitos.



Además, era fácil ver a gaviotas posadas en rocas inaccesibles y relativamente cercanas. Esta vez sí que tuve suficiente con el zoom de mi cámara.






Encontrar un lugar desde el que fotografiar la puesta de sol tampoco fue difícil. Lo complicado es encontrar el día que mejor se vea, que no suele coincidir con el día en que uno se mueve por la zona. Conseguí algo de colores anaranjados, pero cuando el sol ya rozaba el horizonte no fue gran cosa.

Alcobaça

El segundo día de viaje comenzó en Alcobaça. Lo más interesante es el monasterio, vistas al cual tenía desde la ventana del hotel, como se muestra en la siguiente foto:





La portada del monasterio está bastante recargada respecto al resto del edificio. En el interior predominan las líneas sencillas y los grandes espacios prácticamente vacíos.



Se encuentran en la iglesia las tumbas de Dom Pedro y Dona Inês de Castro, protagonistas de una desgraciada historia de amor.









El tamaño de las dependencias del monasterio es enorme, como se puede ver en los dormitorios o en la cocina. Por lo visto, llegaron a vivir allí hasta 900 monjes.



El claustro, como suele ser habitual, es precioso. Además, si no coincides con nadie en la visita (como fue mi caso) se respira una gran tranquilidad. Lo malo es que no conseguí hacer grandes fotos.

Nazaré

El mayor atractivo que este pueblo tiene para mí es la parte alta, separada del resto por unos acantilados, y cuya mejor comunicación es un teleférico que no cogí (me di un paseo. La bajada sin problema, pero en la subida me arrepentía a cada momento de no coger el teleférico).



La playa también es bastante espectacular, y no quiero imaginármela en verano, abarrotada de gente. Suelo huir de la playa en esa época. No me gusta nada el sol, y el calor lo soporto como puedo. Así que en invierno, pero con tiempo primaveral, es un buen momento para ver estos lugares.







Batalha

A Batalha le ocurre lo mismo que a Alcobaça, que lo más interesante (y casi único) es el monasterio.



Exteriormente es espectacular, y una vez dentro también tiene cosas interesantes.






La iglesia guarda parecido con la de Alcobaça: ambas son naves altísimas y muy largas, poco cargadas. Pero aquí hay una capilla lateral donde se encuentra la tumba de D. João I (quien mandó construir el monasterio) y su descendencia.



La visita al monasterio propiamente dicha comienza en el claustro. Este es mucho más recargado que el de Alcobaça, tanto en los arcos como capiteles. También hay un segundo claustro, mucho más sencillo, que solo se puede ver desde un balcón.



Para mí, lo más espectacular son las capillas inacabadas. Se ve claramente como suben las columnas, pero hubo un momento en que dejaron de construir.



No sé si en la entrada al monasterio se incluyen estas capillas, o tienen entrada libre (en el momento en que fui, la visita era gratuita). La iglesia, el monasterio o las capillas tienen entradas por diferentes sitios.

Aunque aquí he puesto algunas de las fotos, tengo muchas más disponibles en Picasa.
Related Posts with Thumbnails