martes, 1 de noviembre de 2016

Argentina: lago Argentino en el Calafate

(Visitado el día 18 de octubre)

La última etapa del viaje es en la Patagonia, una región al sur de Argentina. Mientras sobrevolaba había algo que no me cuadraba. Miraba hacia el este, y el paisaje es de estepa (me ha recordado mucho a Islandia, aunque el origen geológico sea diferente). Pero claro, los Andes, las montañas nevadas, estaban al lado contrario. Además, al aterrizar comprobé que estaba haciendo más calor del que me habría gustado.

Una vez instalado en el Calafate, salí a dar una vuelta. El pueblo es turístico, como pueblos típicos de montaña, por lo que no ofrece mucho. Pero está el lago Argentino, que llega al parque nacional de los Glaciares (donde está el Perito Moreno) unos 70 km al oeste, y ofrece un paisaje interesante. Además, ayudaba la luz de la tarde. Hice pocas fotos, y todas de ahí. Aunque no tomase muchas, no podía dejar pasar la ocasión.

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Lago Argentino, a las afueras del Calafate

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Argentina: de Cafayate a Salta por la RN40 y RP33

(Visitado el día 17 de octubre)

Sabía que hoy iba a ser un día de conducción, casi un deporte de aventura, debido a las carreteras por las que he tenido que ir. Pero antes de eso, he ido a visitar un sitio en las afueras de Cafayate.

A unos 7 km del centro hay unas pequeñas cascadas del río Colorado (pero nada que ver con el que viene a la mente, el de Estados Unidos). Al ir llegando te encuentras a unos guías locales, de una comunidad indígena que vive por la zona. No sé si se podía hacer la visita por libre, el caso es que he ido con él. Como se paga por guía, para uno solo sale caro (200 pesos). Hemos ido subiendo por un camino, con unos paisajes espectaculares. El río no tiene mucho, además, hay un punto de donde sale un canal que se lleva el agua para regar los viñedos. Pero el caso es que menos mal que iba acompañado, pues hay algún sitio que era difícil pasar, casi hacer escalada, y he sufrido un rato. Además, el sol picaba, menos mal que a la sombra se podía estar. Al volver hemos seguido el canal de riego, pues hay un punto en el que se aprecian unas vistas preciosas de la ciudad de Cafayate.

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Viñas de Cafayate

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Vistas de Cafayate y su entorno

Después ya tocaba meterse en la carretera, que había previsión de muchas horas de camino. La carretera RN40 es una ruta que cruza Buenos Aires de sur a norte. Creo que empieza en la Patagonia, y yo la he comenzado en el kilómetro 4300, aproximadamente, así que hacia el sur hay un buen trecho. Hasta San Carlos era asfaltada y rápida, sin problema. He hecho una parada rápida en el pueblo, aunque he llegado a la conclusión de que los pueblos de la zona no tienen un atractivo para mí. Todos siguen la misma estructura: una plaza ajardinada cuadrada, bastante grande, y en su entorno la iglesia y edificios municipales, entre otros edificios. Pueden ser más bonitos o menos, pero tampoco suponen gran cosa.

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Una vista de la plaza de San Carlos

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A partir de ahí comenzaba la carretera de ripio, a lo largo de creo que más de 150 km, hasta Cachi. Al principio no hay problema, sobre todo porque vas cruzando paisajes encantadores, parando cada pocos metros porque hay elementos que te llaman la atención. O algunas quebradas que cruza, difícil de describir la sensación que tenía. A destacar la Quebrada de las Flechas, supongo que recibe el nombre porque los estratos inclinados y erosionados acaban en punta, recordando a flechas.

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En la carretera

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Quebrada de las Flechas

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Conducir por ripio es agotador. No hay manera de correr, a 50 o 60 km/h es ir muy rápido. Además, el firme es muy irregular, hay que ir aguantando el volante con fuerza, y la polvareda que se levanta es bestial, se mete por cualquier rincón del coche.

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He hecho una parada en Seclantás para comer. He encontrado un restaurante de comida regional, que me daba la sensación de estar parado, no había nadie, pero sí, me han atendido, y me han dado de comer muy bien. También allí he visto algún rincón curioso, como la capilla del cementerio.

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Capilla del cementerio de Seclantás

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Cementerio al pie de la montaña

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Patio del restaurante donde paré a comer

Siguiendo el camino, tras Cachi por fin me he alegrado, ¡me he encontrado con asfalto!!! Un rato después del pueblo ya venía el desvío a la RP33, carretera que llega casi hasta Salta. Por allí se encuentra una gran recta, la Recta del Tin Tin, no estoy seguro si he leído que son 16 km. Y puede que sea para meter un poco de miedo, hay varias señales que dicen que la velocidad se controlará por radar, aunque no he visto nada que se le parezca. Lo malo es que la velocidad máxima permitida es de 60 km/h, y a tramos ponen a 30. A esa velocidad, parece que vayas caminando. En algún momento indican que hay paso de animales salvajes, y es la única explicación que le encuentro a esos límites. Si no, que me lo expliquen.

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Recta del Tin Tin

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Y poco más adelante estaba el punto que más me atraía: la cuesta del Obispo. En el punto alto se encuentra la Piedra del Molino, un mirador que debe ser espectacular. Pero qué mala suerte, que había nubes bajas y no he podido ver nada. Así que a comenzar a bajar. Empieza bien, seguía todo asfaltado, hasta que se acaba. Ya estaba harto de ripio, y aún quedaba mucho más. Armándome de paciencia, ya he parado poco, hasta que me he dicho que se acabó, que ya iba directo a Salta. Ya solo me queda devolver el coche (con una capa de polvo), y a volar hacia la Patagonia.

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Piedra del Molino, donde se supone que hay una buena vista de la cuesta del Obispo

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La niebla me fastidió las vistas

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La Cuesta del Obispo, a media bajada

Argentina: Quebrada de las Conchas

(Visitado el día 16 de octubre)

Hoy me he metido una buena paliza de kilómetros, sin aportar apenas nada. Además, el GPS me ha metido nuevamente por una carretera de ripio, y tengo el coche lleno de polvo. Lo peor es que se cuela en el maletero, y la maleta me está cogiendo un color blanquecino.

Tenía un punto en mente: la quebrada de las Conchas, ya cerca de Cafayate. De Salta a Cafayate corre la carretera RN68, en su mayor parte sin interés paisajístico. Pero a unos 80 km de Cafayate entra en la quebrada, donde las montañas estrechan su paso, y además, la erosión ha trabajado de miles de formas. He contado 65 km de carretera, donde no sé la de veces que he parado a hacer una foto a algo que me llamaba la atención. Hay muchísimos arcenes anchos, y se puede parar sin problema. Muchas veces, incluso hacía la foto sin bajarme del coche. A ratos pensaba que al paso que iba no llegaría nunca al destino, siempre aparecía un rincón nuevo para fotografiar.

Al llegar al hostal me han dicho que había un punto en el que sale una ruta a pie para adentrarse más en la quebrada, pero me lo he pasado de largo. Además, esos 40 minutos no me iban bien, se me habría hecho muy tarde. Pero sí que me he bajado para ver un par de rincones que me han dejado sin palabras. Los dos son unas aperturas casi verticales en la montaña, lo que en un principio debería haber sido agujeros, pero que acabaron abriéndose al exterior. El primero es la garganta del Diablo, lo que los indígenas consideraban la puerta del inframundo, y el segundo el Anfiteatro, la puerta al supramundo. Dudo que las fotos hagan honor a la grandiosidad del hueco, a la impresión que me he llevado ahí dentro.

Aunque el viaje me suponga ciertos sufrimientos, mucha paliza de coche y por sitios raros, llegar a lugares como este lo recompensa de lleno.

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Entrada a la Quebrada de las Conchas

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La Garganta del Diablo vista desde la carretera

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Acercándome al Anfiteatro

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Con la persona que se ve pequeñita se puede apreciar el tamaño del espacio

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El Nido de Loros

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